martes, 19 de abril de 2011

Líder regional en semana

El presidente Juan Manuel Santos llegó a Madrid, el domingo de la semana pasada, con las manos llenas. Ni en los medios de comunicación ni en las cancillerías de los países que iba a visitar -España y Alemania- había pasado inadvertida su reunión con Hugo Chávez, en vísperas de su viaje al Viejo Continente, que se caracterizó por un tono cordial y por el evidente interés de los dos mandatarios de enviar señales creíbles sobre la normalización de las relaciones bilaterales.
Más llamativo aún, para quienes les ponen el ojo a las relaciones internacionales, fue la presencia del presidente de Honduras, Porfirio Lobo, en la casa de huéspedes ilustres, sentado con Hugo Chávez. El mandatario venezolano ha sido el crítico más feroz del golpe de Estado contra Manuel Zelaya, y el que más resistencia le ha puesto a aceptar la elección de Lobo y al reingreso de Honduras a la OEA. El estrechón de manos y la foto conjunta de Lobo y Chávez se esperaban con ansiedad en la mayoría de las cancillerías del continente, pero se consideraban poco menos que imposibles. Y se produjeron gracias a la mediación de Juan Manuel Santos.

Dos días antes, el presidente Santos había logrado otra jugada diplomática a tres bandas: fue recibido en la Casa Blanca por Barack Obama, quien por primera vez se comprometió a presentar el TLC al Congreso, un gesto cuya importancia no radicó en el desbloqueo de un impasse largo e inexplicable de cinco años, sino en que se produjo justo en momentos en que el gobierno colombiano anunciaba que extraditaría a Caracas al narcotraficante Walid Makled, pedido a la vez por Venezuela y por Estados Unidos. En medio de comentarios que pronosticaban una crisis bilateral con Washington, Santos logró, al mismo tiempo, reunirse en menos de 72 horas con Obama y con Chávez, apoyo de la Casa Blanca al TLC, extradición de Makled a Venezuela y la firma de 16 acuerdos con el vecino país, incluido uno para la lucha contra el narcotráfico.

Un editorial de El Espectador catalogó estos días como una "semana histórica para la diplomacia". El miércoles 6, Colombia había liderado una novedosa reunión del Consejo de Seguridad de la ONU -presidida, en forma poco usual, por Santos- para buscar apoyo y solidaridad con Haití. En la reunión, que normalmente es realizada por los embajadores de los 15 países miembros ante la ONU, estuvieron presentes siete cancilleres, y los invitados especiales incluyeron al presidente de Haití, René Préval, y a Bill Clinton. Que Colombia promueva la ayuda para el país más pobre del continente, destruido por el terremoto de enero de 2010 y afectado por una profunda crisis institucional, tiene sentido en sí mismo por la justicia de la causa. Pero también tiene un sentido político y estratégico: envía una señal positiva de responsabilidad con un vecino del Caribe, zona de la que Colombia ha estado muy ausente a pesar de que es su proyección geográfica. Desde una perspectiva más latinoamericana, la solidaridad con Haití también tiene un valor: la región está golpeada por un profundo enfrentamiento ideológico, en el que no hay consensos, y el asunto de Haití es tal vez el único en el que puede coincidir el continente, con Obama y Chávez incluidos. Haber llevado la crisis haitiana al Consejo fue una movida hábil y taquillera.

Y ya van varias jugadas a tres bandas. Lograr la elección de la excanciller María Emma Mejía a la Secretaría General de Unasur -cargo al que aspiraba el excanciller venezolano Alí Rodríguez- también fue una maniobra de alta política. Cruzarse a la aspiración de Chávez habría podido abrirle grietas a la incipiente reconciliación colombo-venezolana. Pero con una cuidadosa filigrana diplomática tejida por la canciller María Ángela Holguín, en la recta final María Emma Mejía y Rodríguez se dividieron el periodo de dos años, con uno para cada cual. Unasur había servido de ring en los últimos años para el pugilato verbal entre Uribe y Chávez, y ahora puede convertirse en un escenario adicional de acercamiento. Resulta algo irónico que Colombia esté hoy liderando Unasur cuando hace dos años era el blanco de la artillería diplomática de los países de la región luego del acuerdo de las bases gringas firmadas por el entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.

En solo ocho meses, Santos y su canciller le han dado un giro a la política exterior y este alto perfil pretende sin lugar a dudas un proyecto de liderazgo regional. Hoy día Colombia preside el Consejo de Seguridad de la ONU, la excanciller Mejía encabeza Unasur y la próxima cumbre de las Américas se llevará a cabo en Cartagena, a principios del año que viene. La Cancillería ha intensificado esfuerzos para ingresar a la OECD -el "club de buenas prácticas" de los países más desarrollados- y al APEC, principal foro del Asia-Pacífico.

La mayor visibilidad internacional de Colombia también se refuerza por el contraste con el deterioro que se ha producido en la región. En los Andes, una zona asociada con inestabilidad, el país brilla por sus diferencias con los vecinos. El dinero y la diplomacia vuelan hacia los destinos en los que perciben que hay fortaleza institucional y cumplimiento de las reglas del juego, y en esas materias Colombia tiene mejores credenciales que Venezuela, Ecuador y Bolivia. Y el Perú, el consentido de la inversión extranjera en los últimos años, ahora está abocado al escenario incierto de "una elección entre populistas", como la definió The Economist en su último número: Ollanta Humala y Keiko Fujimori hicieron sus campañas, precisamente, contra el modelo económico. Colombia es, hoy por hoy, el socio más confiable entre los países andinos, tanto para las cancillerías como para los empresarios de otras latitudes.

En el resto del continente, los países que tradicionalmente han sido más activos en las relaciones internacionales están en momentos de repliegue temporal. La nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aún no ha demostrado que tiene las mismas condiciones de rock star de la diplomacia que convirtieron a Lula da Silva en un personaje mundial. Más bien, parece más enfocada en asuntos internos como la lucha contra la pobreza y en el plano externo ha dejado claro que no continuará algunas de las audacias de su antecesor, como el acercamiento con Irán. El otro peso pesado de la diplomacia continental, el México de la segunda mitad del siglo XX, está concentrado en una dura cruzada frente a los carteles de la droga que limita su protagonismo externo y que tiene a su presidente, Felipe Calderón, contra las cuerdas.

Detrás de los grandes, en el paquete del medio, tampoco hay países empeñados en grandes proyectos diplomáticos. Chávez, un hombre muy carismático pero ya percibido como radical y anacrónico, está ad portas de la más dura de las campañas electorales que ha enfrentado en sus 11 años de gobierno, en medio de una profunda crisis económica: Venezuela es el país de menor crecimiento y mayor inflación del continente. Argentina está en el dilema de si continúa o no la era Kirchner en manos de su viuda, Cristina. Y el Chile de Sebastián Piñera, después de un cuarto de hora estelar con un manejo impecable del episodio de los mineros, parece haber regresado a la diplomacia tranquila e insular, mucho más económica que política, que su sociedad valora.

Santos ha dado muestras de que le interesa llenar el vacío de liderazgo que se percibe en el continente. Escogió a una canciller con trayectoria y experta, María Ángela Holguín, que ni siquiera estuvo de su lado en la campaña electoral. En sus primeros meses como presidente, sin esperar siquiera a la posesión, le ha dedicado más tiempo que cualquiera de sus antecesores al tema internacional, que le encanta y domina. Estudió en Estados Unidos, vivió en Europa, y se ha movido como pez en el agua en universidades, think tanks y cancillerías de todos los continentes. Su destreza en estos escenarios es tan notoria que en el breve encuentro reciente con Barack Obama en la Casa Blanca este último le dijo en broma: "Usted habla mejor inglés que yo".

Las ambiciones de Santos en materia diplomática están respaldadas por los vientos a favor que empujan la economía colombiana, si se le compara con la del resto del continente. Según las últimas cifras disponibles, Colombia tiene la quinta economía de acuerdo con el tamaño de su PIB, la tercera población y la segunda tasa de crecimiento de la inversión extranjera. Las apuestas le apuntan a una bonanza minera que se hará sentir en los próximos años. Estas realidades han sido registradas por los bancos, que incluyen a Colombia en el grupo de los atractivos países Civets -Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Tailandia y Sudáfrica- y por firmas calificadoras que le han regresado el famoso grado de inversión. En este panorama, el viejo anhelo de los colombianos de sacarle provecho a su privilegiada posición geográfica -en todo el centro del continente y con acceso a los dos océanos- podría estar más cerca que antes.

Los cambios en el discurso de presentación de Colombia ante el resto del mundo también han sido bienvenidos. Santos asumió una posición esencialmente pragmática y de real politik en el lugar que ocupó el dogmatismo ideológico de la era Uribe. No divide a sus interlocutores externos entre amigos y enemigos, y se enfoca más en el análisis de los intereses que están en juego. Si Álvaro Uribe se concentró en la búsqueda de aliados para la seguridad democrática y Andrés Pastrana en reunir apoyos para el proceso de paz, la 'doctrina Santos' le apunta a dejar atrás el discurso sobre los problemas tradicionales de Colombia y mostrar las posibilidades de cooperación con otros países. El ejemplo del proyecto con Haití es elocuente, pero también hay aportes en experiencia y entrenamiento a gobiernos, como el de México, que vive momentos tan angustiosos como los que padeció Colombia en el punto más alto de la guerra contra los carteles y contra la guerrilla. A lo anterior se suma que la agenda del actual gobierno, que tiene como prioridad las políticas de reparación a las víctimas y la del retorno de las tierras a los campesinos despojados por los grupos violentos, generan admiración y simpatía en la comunidad internacional.

Los problemas
La gran pregunta es si tanta belleza es suficiente para los anhelos de liderazgo regional de Santos. Porque así como hay condiciones objetivas favorables también hay mucha piedra en el camino. El primer gran obstáculo es que Colombia no ha resuelto sus problemas estructurales y eso dificulta que el país pueda explotar al máximo su potencial internacional. Los golpes a los capos y la reducción de cultivos de coca no significan que el narcotráfico se haya acabado ni que los carteles no sigan operando. Los triunfos de la seguridad democrática no se pueden confundir con el fin de la guerrilla, sobre todo en momentos en que las Farc se están haciendo sentir. La extradición de los jefes paramilitares no significa el fin de paramilitarismo, ahora sembrando terror y ejecutando vendettas bajo el rótulo de bandas criminales. La pobreza no baja y la desigualdad aumenta, y los buenos propósitos para devolverles las tierras a los despojados y para compensar a las víctimas tardarán tiempo en producir frutos, si es que se concretan. A los graves problemas estructurales se agregan otros más recientes frente a los cuales la comunidad internacional -y en especial los inversionistas extranjeros- tiene una sensibilidad especial: el desborde de la corrupción, el atraso en infraestructura y los desastres que ha dejado el invierno. Todos ellos requieren atención y recursos.

Desde el punto de vista político, el énfasis en lo externo cuando hay tantos líos internos puede resultar costoso. Se puede generar el síndrome del presidente viajero y ausente. La semana pasada faltó presencia y claridad sobre la posición del jefe del Estado frente al escándalo por las irregularidades en la cárcel militar de Tolemaida y frente a la impresionante marcha de protesta estudiantil contra la reforma a la educación superior. Sin un equilibrio delicado entre las dos agendas -la de la diplomacia y la de los problemas internos-, los enemigos del gobierno encontrarán oportunidades para aferrarse a un discurso que critique la falta de atención a la gente del común y a los problemas inmediatos. La cultura política colombiana es parroquial y las relaciones internacionales son mejor comprendidas en élites que en las masas.

Hasta ahora, el actual gobierno recibe altas calificaciones por el manejo de las relaciones exteriores y la canciller Holguín se pelea la punta en la evaluación de los ministros. Pero el enfoque pragmático de Santos tiene enemigos, y el más agresivo es el uribismo purasangre. Sus voceros más radicales consideran que tener a Chávez como "mejor amigo" es ingenuo e inmoral, y que la normalización de las relaciones con Venezuela equivale a ignorar que las Farc y el ELN utilizan territorio venezolano como retaguardia.

No por coincidencia, un puñado de columnistas cercanos al gobierno anterior, y el propio expresidente Uribe desde su prolífica cuenta de Twitter, han sido los que más han cuestionado la redefinición de las relaciones con Estados Unidos, los acercamientos a Chávez, la extradición de Makled y las afirmaciones de Santos según las cuales los campamentos que las Farc tenían en territorio venezolano ya no están en las coordenadas que se habían señalado. El pragmatismo de Santos es menos taquillero en las masas y menos eficaz para reunir apoyos que el maniqueísmo nacionalista que Uribe usó en algunos momentos.

¿Cuáles realidades pesan más? ¿Las ventajas que hoy tiene Colombia en la región o las restricciones para elevar el perfil? Santos tiene, sin duda, valiosas oportunidades para consolidar un liderazgo, pero también tiene el lastre de gobernar un país complejo y convulsionado. El éxito o el fracaso de su proyección internacional dependerá, a la larga, de cómo resuelva sus principales problemas internos: y, en este caso, se podrían mencionar tres cruciales: que aprueben el paquete de reformas en el Congreso, que la seguridad no se enrede y que la infraestructura empiece a funcionar. Sobre estos tres pilares internos, y con el viento a favor que sopla en la región para los intereses de Colombia, Juan Manuel Santos podría convertirse en un líder regional. 

viernes, 15 de abril de 2011

Seguridad en el contexto mundial

http://www.virtual.unal.edu.co/cursos/catedras/catedra_jegaitan/sem_2_2010/pdf_sesion_07/8-seguridad_contexto.pdf

Diapositivas, muy recomendado

martes, 12 de abril de 2011

Santos asegura que su prioridad es "menos pobreza y más equidad"

Madrid, 12 abr (EFE).- El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo hoy en Madrid que su prioridad principal es el avance de los indicadores sociales, "menos pobreza y más equidad", con el objetivo de reducir la pobreza extrema a menos del 9 por ciento.
Santos hizo esta afirmación en su intervención en el Foro de la Nueva Economía en el transcurso de un almuerzo en el que estuvo presente la ministra española de Defensa, Carme Chacón.
El mandatario colombiano fue presentado por el presidente del Senado español, Javier Rojo, en un acto en el que también intervino el presidente del BBVA, Francisco González.
Santos, que hoy finaliza su visita oficial a España, señaló que su país tiene "grandes desequilibrios", al igual que América Latina.
"Dentro de la región, Colombia es uno de los países más desiguales", lamentó Santos, quien aseguró que se han puesto en marcha políticas para reducir la "inaceptable" pobreza.
Un 16 por ciento de la población colombiana vive en pobreza extrema y el objetivo principal es bajarla a menos del 9 por ciento, explicó Juan Manuel Santos.
El presidente colombiano señaló que Asia y América Latina se están convirtiendo en los nuevos motores de crecimiento mundial.
Al respecto, apuntó que en la región hay dos polos de crecimiento importantes, México y Brasil, y añadió que Colombia se encuentra "en la mitad", es el "único país de Sudamérica que tiene costa en el Pacífico y en el Caribe".
"Estamos jugando un papel bisagra, una bisagra que queremos que cada día tenga más dinamismo, más atracción para la inversión extranjera", añadió Santos.
En su intervención, subrayó que su Gobierno está continuando con las políticas fundamentales que puso en marcha el anterior presidente, Álvaro Uribe.
Aunque en los últimos ocho meses se han sumado a la agenda otros temas prioritarios, son tres los pilares del actual Gobierno y que ya lo eran para Uribe: seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social,
"Son temas que mi Gobierno continúa y fortalece y le agregamos algunos ingredientes para que esas políticas sean más exitosas", precisó.
En la política de seguridad democrática, reconoció que Colombia no está "aún en el paraíso" ya que las FARC no han sido derrotadas. "Estamos ganando, pero no hemos ganado todavía", dijo, antes de destacar el respeto de su país por los derechos humanos, principalmente de las fuerzas militares.
Insistió en el que el país "va avanzando con legitimidad" para llegar a tener una Colombia "pacífica".
Respecto a la confianza inversionista, resaltó que el objetivo es convertir a Colombia en un "país aburrido, predecible, con unas reglas del juego claras y estables".
Para ello explicó que se ha puesto en marcha un plan de desarrollo que "abona el terreno para que el país sea más atractivo para la inversión".
Ese plan, que es donde entra la cohesión social, se resume en "más seguridad, más empleo formal y menos pobreza".
Las principales "locomotoras" de crecimiento en Colombia son, continuó, la vivienda -con el objetivo de duplicar su número-, las infraestructuras, la industria agropecuaria -Colombia tiene un "terreno amplio para aumentar la producción de alimentos en plena crisis alimentaria"-, la minería y el petróleo y la innovación.
Valoró el hecho de que su país vaya a crecer este año un 5 por ciento y agregó que otra prioridad es generar "empleo formal".
"La informalidad de la economía es un obstáculo para la sostenibilidad del crecimiento a largo plazo", agregó. EFE
bal-mlg/sm

sábado, 9 de abril de 2011

International Crisis Group - Colombia

http://www.crisisgroup.org/en/regions/latin-america-caribbean/andes/colombia/034-colombia-president-santoss-conflict-resolution-opportunity.aspx

Colombia: President Santos’s Conflict Resolution Opportunity

Latin America Report N°34 13 Oct 2010
EXECUTIVE SUMMARY AND RECOMMENDATIONS
President Juan Manuel Santos, in office since 7 August 2010, has an opportunity to end Colombia’s generations of armed conflict by building on but adjusting and substantially broadening the strategy followed for eight years by his predecessor. Alvaro Uribe’s predominantly military approach – the “democratic security policy” – did produce important security gains, but Colombia remains plagued by new illegal armed groups (NIAGs) and other criminal actors. By concentrating mainly on fighting the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) and the National Liberation Army (ELN), it neglected other sources of violence and, most importantly, failed to address underlying causes of the conflict. Santos, who was elected with the largest majority in history, should use his political capital to implement a more integrated conflict resolution strategy that advances institutional and structural reforms needed to address illegality and impunity, expand access to services and tackle issues of land and victims’ rights.
FARC and ELN have been weakened significantly but are not defeated. FARC, which still has some 8,000 to 10,000 combatants, has partly adapted to the heavy military pressure and has forged alliances with NIAGs, exposing unprotected civilians – mainly indigenous and Afro-Colombian communities – to mounting violence. The armed forces have been tainted by allegations of thousands of extrajudicial executions and other violations of human rights and international humanitarian law (IHL), due in part to the single-minded pursuit of battlefield successes. With diplomatic ties at a nadir with Venezuela, the Uribe government was unable to control cross-border movements of illegal armed groups, weapons and drugs. Despite costly counter-drug efforts, Colombia has the largest number of hectares under coca cultivation in the world and is the origin of a significant share of global cocaine production.

sábado, 2 de abril de 2011

Crisis

Crisis? What crisis?

http://etimologias.dechile.net/?crisis

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=crisis